jueves 25 de marzo de 2010
viernes 12 de marzo de 2010
Fábulas de la infancia
Los tres anteriores tienen un hilo conductor: la crueldad y la burla, así como el transformar la debilidad en fuerza... qué sabias las fábulas para niños, no lo crees?
Este siguiente, es de Esopo, cuya moraleja, creo, la estoy viviendo ahora en esto del "trabajar para comer" jeje :P
Este es uno de mis favoritos:
Disfrútalos!
jueves 23 de julio de 2009
Hermosa coincidencia
Creo que con ese libro tuve mi primera experiencia estética. Cuando salí de la primaria, tuve que dejar mi preciado tesoro. Nunca lo olvidé. Ya más grande, me dediqué a buscarlo en todas las librerías que conocía, pero en ninguna lo encontré. Como lo leí muy chica, no tenía idea de la editorial ni de ningún dato que me pudiera dar alguna pista.
Me alegro por haberme topado con este recuerdo de la infancia. Fue algo totalmente inesperado.
miércoles 24 de junio de 2009
Redefiniendo el camino

Toda mi vida he amado el baile, particularmente el ballet. Ahora sé que la vida de las bailarinas dista de ser alegre y glamorosa. Realmente implica muchos sacrificios y un esfuerzo constante. Además es una carrera muy ingrata, pues se acaba con la juventud.
Después de eso quise ser muchas cosas. Incluso algún día se me ocurrió ser domadora de ballenas, pero pronto descubrí que no era precisamente mi vocación.
El día en que no solamente vi las ilustraciones de mi libro de cuentos, sino que pude leer por primera vez las palabras, supe que quería ser escritora. Empecé con cuentos sencillos que le dictaba a mi mamá y que no llenaban ni la mitad de una hoja. Cuando fui lo suficientemente grande para escribir yo sola, realicé mi primer obra maestra: "Anita y Pepito perdidos en el espacio". Todavía tengo el manuscrito de tan ilustre ocurrencia.
Mi adolescencia la pasé chorreando tinta. Pasaba todas mis tardes leyendo y escribiendo. Ya fueran cuentos, diarios, cartas... lo que fuera. Entonces entré a estudiar la carrera. Olvidé mi amor por las letras y convertí mi pasión en un mero hobbie. Me dediqué a estudiar y un día me levanté convencida de que mi futuro era la academia.
Hace poco, dando vueltas por Gandhi, me topé con un librito de Borges. Lo abrí al azar y me encontré con estas líneas:
que un libro sea verdaderamente,
se requieren la aurora y el poniente,
siglos, armas y el mar que une y separa."
Ayer, en un momento de inesperada lucidez, le dije a Juan José: "No quiero dedicarme a la filosofía". Fue una revelación sorpresiva para ambos. Ya se me había olvidado la razón por la que escogí esta carrera en un principio. Quería ser escritora, pero me di cuenta de que no tenía sobre qué escribir. Quise estudiar filosofía para encontrar un contenido, algo de lo que valiera la pena hablar.
No quiero enfocar todas mis energías en la academia. No me molesta vivir de ella, pero si tengo que escoger una maestría, será de literatura, de lo que me apasiona.
Llevo la filosofía en mis venas, pero no quiero que me den un título por leer a un montón de autores que me digan cómo pensar. Me gusta mucho mi formación, pero quiero empezar a producir por mí misma. Las palabras de Borges me recordaron que quiero habar con arte. No quiero jugar con las reglas del pensamiento duro. Soy filósofa y escritora por vocación, pero tengo esencia de soñadora.
jueves 11 de junio de 2009
Desempolvando viejas plumas

"Lily dio media vuelta y se encontró de frente a una larga sombra ataviada de un elegante vestido negro adornado con joyas y velos que avanzaba hacia ella agitando sus ropajes en una danza mística.
Sin saberlo Lily sintió un miedo incontenible y dio un paso atrás, temblando y observando con ojos desorbitados al extraño bailarín que bailaba con una música silenciosa.
La sombra alzó sus brazos al aire y danzaba silenciosa y grácilmente, dando vueltas y haciendo flotar sus negras vestiduras alrededor de la joven, cautivándola con su baile.
Lily sintió un sudor frío bañar todo su cuerpo. Quería gritar, pero algo invisible le oprimía la garganta. No quería mirar aquella sombra, pero era imposible. Lily no podía dejar de admirar el sutil movimiento de la tela negra en el aire. La sombra parecía un bailarín experto moviéndose con gracia y belleza, extendiendo hacia ella sus brazos e invitándola a unirse a su danza mística.
La joven sintió dentro de ella la música preciosa que hacía bailar a la sombra. Cerró los ojos y se dejó llevar por ella.
Lily alzó sus brazos al aire, se dejó llevar, siguiendo los pasos de la sombra. Los jirones de su vestido blanco ahora sucio y gris, rozaron la tela negra.
La sombra guiaba a la joven con hilos invisibles y bailaba con ella por toda la estancia, sin atreverse jamás a tocarla.
Lily abrió los ojos y se fascinó por el misterio que la sombra escondía. Encontes alargó su mano para tocar las suaves vestiduras oscuras de la sombra, pero sólo sintió el contacto del aire. Y ahora no había nada más frente a ella.
Lily se encontraba sola frente al espejo, sin la compañía de la sombra, mirando su propio reflejo. Sus rizos negros le caían en cascada por los hombros y la espalda. Sus ojos dorados se miraron con gran confusión en el reflejo plateado del espejo. Su vestido ya no era el blanco que antes había sido. Ahora era negro y elegante como lo había vestido aquella sombra."
¿Recuerdas esto? ;)
lunes 30 de junio de 2008
miércoles 21 de mayo de 2008
"Zapatito blanco, zapatito azul..."

¿Se acerdan de ese juego? El otro día fui a comer con mi madre y mi hermana al restaurante de San Ángel Inn. Hace años que no salía al jardín, pero ese día, a pesar de que hacía un condenado frío espantoso y de que estaba empezando a chispear, decidí salir a tomar un poco de aire.
Sentí el aire frío y húmedo en mi cara y percibí el olor a tierra mojada. Ya no me acordaba para nada de ese lugar. Entonces me encontré con un tronco viejo y seco en donde alguna vez mi papá nos sacó una foto a mí y a mis hermanos. Sonreí con el recuerdo y seguí paseando. Más adelante, encontré una pequeña fuente que también me trajo cierto episodio a mi mente. Ya no tenía peces y era mucho más pequeña de lo que yo la recordaba. Aún así, también me hizo sonreír.
Me senté en una banca de piedra a ver los árboles y a escuchar el silencio. Entonces vi a un grupito de niños muy monos, arregladitos y bien vestidos que salían como cabras locas a jugar. Se pararon en medio del jardín, juntaron sus pies y uno de ellos comenzó a tocarlos con un dedo y a cantar: "zapatito blanco, zapatito azul".
Fue un verdadero regreso a mi infancia.
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Cuando tengas que olvidar, sólo te pido,
olvídanos a nosotros
pero no olvides el olvido.
Navega, navegante:
En el fondo del recuerdo una estrella habita
y con ella sola se crea un cielo
que al ojo del soñador se agita.
Navega, navegante:
La memoria es una telaraña tejida con celestes hilos
hasta formar con la vida de ustedes, de los otros,
un árbol que pierde sólo lo que no se ha perdido.
Navega, navegante:
Nunca jamás del todo habremos partido:
siempre queda por completar un poco,
que sólo navega quien navega lo desconocido.
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